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Después del terremoto: ¿qué hacer en la escuela?
Docentes
Lunes, 08 de Marzo de 2010 11:54
Mientras la comunidad educativa del país vuelve a clases, entregamos estas indicaciones respecto a cómo los colegios pueden ayudar a manejar el impacto de un terremoto en los niños, en sus familias y en los profesores.

Este material ha sido elaborado por un equipo de docentes de la Escuela de Psicología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, con el fin de sensibilizar a la comunidad educativa respecto a la necesidad de manejar de manera oportuna los posibles efectos psicológicos que pueden presentar los niños, sus familias y los profesores, a raíz de la crisis nacional vivida actualmente, producto del terremoto y tsunami.
 
Se expone inicialmente una síntesis de las principales reacciones psicológicas esperadas frente a un evento de esta magnitud, para luego profundizar en el impacto específico que podría observarse en los niños y niñas y entender por qué es importante manejar de manera oportuna el impacto de un evento catastrófico en la población. Luego se entregan indicaciones respecto a cómo los colegios pueden ayudar a manejar el impacto de un terremoto en los niños, en sus familias y en los profesores.

¿Cómo entender el impacto de un terremoto?

 
Terremotos y tsunamis son fenómenos naturales de gran magnitud que impactan psicológicamente a las personas, provocando una crisis tanto individual como social por la sensación de incontrolabilidad y desprotección que generan.
 
Desde la Psicología se los considera como crisis inesperadas, ya que surgen como consecuencia de eventos traumáticos que rompen abruptamente la cotidianeidad de personas, instituciones y comunidades. Esta es la situación de un número importante de chilenos debido al terremoto que acabamos de vivir. Como consecuencia, este impacto produce sintomatología ansiosa y depresiva, resultando en una condición de mayor vulnerabilidad.

Toda persona que es víctima de una situación de crisis que es inesperada, sorpresiva y de gran carga emocional, y que luego se traduce en un desastre específico, experimenta distintos niveles de shock según el tipo de vivencia personal, y ello tiene un impacto psicológico importante que debe ser considerado. Estas situaciones suelen dejar como secuela una serie de reacciones que afectan el estado físico y mental de la persona. Este impacto puede observarse de manera directa o indirecta, en el corto o mediano plazo.

Si bien estos eventos impactan en mayor o menor medida a todas las personas, la forma en que cada una de ellas enfrente y reaccione a la situación, va a variar, según la gravedad del evento vivido y el grado de vulnerabilidad psicológica previa. Es así como luego de situaciones de este tipo, se pueden presentar algunos síntomas específicos, de manera inmediata al evento vivido o incluso hasta seis meses después.
Una de las categorías de síntomas posibles es la "reviviscencia" repetitiva del evento, lo cual perturba las actividades diarias. Esto puede implicar procesos tales como recuerdos o sueños reiterativos y angustiantes de la situación y reacciones físicas a situaciones que le recuerdan el evento traumático.

Otro grupo de reacciones que se pueden observar se caracterizan por implicar una evasión respecto a lo ocurrido y sus implicancias. Ejemplos de estas son la “insensibilidad" emocional o sentimiento de que nada le importa; sentimientos de despreocupación e indiferencia; incapacidad para recordar aspectos importantes del trauma; falta de interés en las actividades normales; menor expresión de estados de ánimo; aislamiento de las personas, lugares u objetos que hacen recordar el evento; sensación de un futuro incierto.

Por otra parte, en algunos casos las reacciones manifiestan un estado de alta
excitación, evidenciado en síntomas tales como dificultades para concentrarse, una respuesta exagerada a las cosas que causan sobresalto, irritabilidad o ataques de ira y dificultad para dormir.

En algunos casos pueden presentarse también sentimientos de culpa acerca del evento o síntomas físicos que son característicos de ansiedad, estrés y tensión, como: mareos, desmayos, dolor de cabeza o malestar físico general.

Es importante considerar que en gran medida, los síntomas señalados más arriba forman parte de la reacción esperable frente a una crisis de este tipo, ya que en un primer momento se vive un fuerte impacto emocional, que se caracteriza por confusión, desorganización y no saber cómo actuar. Esto se asocia a una serie de emociones, que son también esperables, como miedo, rabia, dolor, pena, e impotencia, entre otras.
 
En síntesis, todo evento de la magnitud de un terremoto o tsunami va a generar algún impacto psicológico en todas las personas. La intensidad de este impacto, sus formas de expresión y su duración van a depender de una serie de variables, y es un tema que debe ser considerado de modo de elaborarlo adecuadamente y prevenir futuras secuelas.
 
¿Cuál es el impacto en los niños?

 
El niño, al igual que el adulto o a veces más, se ve afectado por eventos traumáticos, y  la expresión de sus reacciones va a depender en parte de su edad mental y su capacidad de entender y procesar lo sucedido. Así, es posible observar distintos tipos de reacciones en los niños. Por una parte la plasticidad y flexibilidad de la mente infantil permite que los niños comprendan de una manera más directa eventos complejos cuando son explicados de manera adecuada y pueden reponerse más rápidamente frente a vivencias difíciles.

Pero también puede suceder que el niño viva los eventos difíciles de manera más traumática que el adulto, ya que suele sentirse más indefenso y con menos recursos para manejar la situación y carece de experiencias previas similares.
 
Los niños poseen una gran sensibilidad emocional y suelen sintonizarse fácilmente con la emoción de los adultos significativos. Ello hace que el niño pueda reaccionar como un espejo que refleja las emociones de los adultos cercanos (por ejemplo, reaccionar con pánico frente al pánico, o reaccionar con calma frente a un adulto que controla la situación), o a la inversa, donde frente al descontrol de los adultos el niño asume un rol protector, invirtiendo los papeles e implicando un costo emocional importante para él.
 
La mente infantil funciona de manera distinta a la del adulto, y en gran medida este funcionamiento va a depender de cómo los adultos manejan las situaciones y como posteriormente son capaces de “mentalizarle” al niño, es decir, traducir la experiencia vivida en un lenguaje cercano y comprensible para él, que le permita comprender, elaborar y poder expresar sus sentimientos frente a esta situación.
 
Es así como el impacto psicológico que va a tener esta experiencia en el niño puede ser mitigada en la medida que el adulto maneje la situación adecuadamente. No es necesario que esta reacción del adulto sea inmediata, ya que frente a un terremoto de esta magnitud, todas las personas se ven afectadas. Sin embargo es necesario que con posterioridad los adultos ayuden al niño a elaborar lo vivido.

¿Cómo desde el colegio podemos ayudar a los niños a afrontar el impacto de un terremoto? ¿Cómo podemos ayudar desde la familia? ¿Cómo podemos ayudar a los profesores? Continúa aquí (documento completo)

Vía: EducarChile


 

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